Hace años empecé a contar cuentos, antes de dormir, a dos hermanas a las que cuidaba.
En mi búsqueda de nuevas formas de comunicación con ellas, me di cuenta del poder que tienen los cuentos de hadas.
Y, a lo largo de muchas noches de recordar y contar, encontré que los cuentos tradicionales me dejaban un sentimiento amargo de mensajes anticuados, en los que la mujer es la princesa que necesita ser salvada, y los amores verdaderos sólo tienen una combinación posible.
Decidí rebelarme contra ello. Y empecé a inventar para ellas mis propios cuentos de hadas.
Les dedico a Saray y a Cinta estos cuentitos por la diversidad, que nacieron al borde de sus camas.
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