lunes, 8 de junio de 2009

El vuelo del alcatraz



Este fin de semana hemos tenido la experiencia entre terrible y hermosa de salvar a un alcatraz atlántico que se había partido un ala.
Lo encontramos entre las dunas de Zahora, en Cádiz; se había chocado, seguramente, con el tendido eléctrico que da luz al faro de Trafalgar, a unos cuarenta metros de donde lo encontramos.
Fue increíble verlo desde tan cerca, tan majestuoso y tan desvalido al mismo tiempo. Compartimos su angustia mientras lo llevábamos en brazos y lo guardábamos en una caja a la espera de los "rescatadores" del Centro de Recuperación de Aves de la zona: ¡Para una criatura que sólo concibe el mundo desde las alturas, desde la libertad absoluta del vuelo; qué infierno ha tenido que ser esas veinte horas encerrado!
Afortunadamente, la historia tiene un final feliz: Ahora mismo estarán atendiéndolo, y si sobrevive a la deshidratación y las posibles infecciones por las horas en tierra (no tienen defensas contra ciertos hongos, que les atacan en cuanto están en contacto con la hierba); en unas semanas asistiremos a su puesta en libertad desde el farallón de Barbate.
Da qué pensar sobre los tendidos eléctricos, la libertad, la posibilidad de salvar a un ave que representa mucho más que a él mismo.
Sobre lo que estamos haciendo con la Tierra y lo que aún podemos hacer por ella; por nosotros.
El alcatraz es aún un pollo, de este año. Lo llamamos Leopoldo. Así que, ¡suerte, Leopoldo! Larga vida de vuelo en libertad...