
Este fin de semana hemos tenido la experiencia entre terrible y hermosa de salvar a un alcatraz atlántico que se había partido un ala.
Lo encontramos entre las dunas de Zahora, en Cádiz; se había chocado, seguramente, con el tendido eléctrico que da luz al faro de Trafalgar, a unos cuarenta metros de donde lo encontramos.
Fue increíble verlo desde tan cerca, tan majestuoso y tan desvalido al mismo tiempo. Compartimos su angustia mientras lo llevábamos en brazos y lo guardábamos en una caja a la espera de los "rescatadores" del Centro de Recuperación de Aves de la zona: ¡Para una criatura que sólo concibe el mundo desde las alturas, desde la libertad absoluta del vuelo; qué infierno ha tenido que ser esas veinte horas encerrado!
Afortunadamente, la historia tiene un final feliz: Ahora mismo estarán atendiéndolo, y si sobrevive a la deshidratación y las posibles infecciones por las horas en tierra (no tienen defensas contra ciertos hongos, que les atacan en cuanto están en contacto con la hierba); en unas semanas asistiremos a su puesta en libertad desde el farallón de Barbate.
Da qué pensar sobre los tendidos eléctricos, la libertad, la posibilidad de salvar a un ave que representa mucho más que a él mismo.
Sobre lo que estamos haciendo con la Tierra y lo que aún podemos hacer por ella; por nosotros.
El alcatraz es aún un pollo, de este año. Lo llamamos Leopoldo. Así que, ¡suerte, Leopoldo! Larga vida de vuelo en libertad...
Lo encontramos entre las dunas de Zahora, en Cádiz; se había chocado, seguramente, con el tendido eléctrico que da luz al faro de Trafalgar, a unos cuarenta metros de donde lo encontramos.
Fue increíble verlo desde tan cerca, tan majestuoso y tan desvalido al mismo tiempo. Compartimos su angustia mientras lo llevábamos en brazos y lo guardábamos en una caja a la espera de los "rescatadores" del Centro de Recuperación de Aves de la zona: ¡Para una criatura que sólo concibe el mundo desde las alturas, desde la libertad absoluta del vuelo; qué infierno ha tenido que ser esas veinte horas encerrado!
Afortunadamente, la historia tiene un final feliz: Ahora mismo estarán atendiéndolo, y si sobrevive a la deshidratación y las posibles infecciones por las horas en tierra (no tienen defensas contra ciertos hongos, que les atacan en cuanto están en contacto con la hierba); en unas semanas asistiremos a su puesta en libertad desde el farallón de Barbate.
Da qué pensar sobre los tendidos eléctricos, la libertad, la posibilidad de salvar a un ave que representa mucho más que a él mismo.
Sobre lo que estamos haciendo con la Tierra y lo que aún podemos hacer por ella; por nosotros.
El alcatraz es aún un pollo, de este año. Lo llamamos Leopoldo. Así que, ¡suerte, Leopoldo! Larga vida de vuelo en libertad...